REAL MURCIA-1-1-SEVILLA ATLÉTICO

REAL MURCIA: Piñeiro; David Vicente (Pedro León, 78), Jorge Mier, Alberto González, Andrés Carmona, Cristo Romero (Isi Gómez, 86), Sekou, JC Real (Palmberg, 54), Moyita (Cadorini, 86), Ekain (Pedro Benito, 54) y Flakus. Suplentes: Gazzaniga (ps), Antonio David, Héctor, Sarabia y Kayode.

SEVILLA ATCO.: Flores, Moreno, Íker Muñoz, Sergio Martínez, David López, Rivera, Nico Guillén (Altozano, 71), Tamiou (Collado, 46), Abde (Ibra Sow, 71), Sierra (José Antonio, 94) y Álex Costa (Razvan Jalade, 84). Suplentes: Rafa Romero (ps), Íker Villar, Juan Cortés, Dima, Tomás Méndez y Álex Ciria.

Árbitro: López Jiménez (colegio catalán). Amarillas para Moyita (63´), Alberto González (88´), David López (95´) y Collado (96´).

Goles: 0-1 (Min. 39): Miguel Sierra. 1-1 (min. 59): Palmberg.

Incidencias:13701 espectadores en Nueva Condomina.

Comentario: Vale, no perdimos. Parece, solo parece, que mejoramos, que fuimos más intensos, que peleamos ante un equipo bisoño donde solo Álex Costa tenía 22 años. Todos sus compañeros eran menores a él. Por contextualizar un punto que se debe saborear en su justa medida, sin alabanzas por la obligación de los granas de ser el Real Murcia, no lo olvidemos. Rascar un empate en estas condiciones sabe a derrota, aunque se peleara, aunque se dejara el equipo el alma. Y eso habla, precisamente de lo que es el equipo, un bloque alejado de la envergadura de su presupuesto, unos jugadores que aún no sienten la filosofía Etxeberría, esa que engatusó en pretemporada y ahora parece escondida entre telarañas.

Pero ahora, todo ha cambiado, Las exigencias miran a la dirección deportiva sin excusar lesiones, infortunio o dudas. Y eso, que hasta los mejores parecen diminutos. ¿Por el sistema o por la confianza? Lo desconozco. Porque ayer hubo feria, la habitual en defensa, un lugar donde no hay brújula que otorgue confianza a los jugadores, bien por falta de trabajo o por ese talento que se ha perdido en el camino. No puede ser que los granas den tantas facilidades, que a la grada se le ponga un nudo en la garganta cada vez que los rivales se asoman a su balcón, ubicado en un área donde el sufrimiento sigue caracterizando al equipo como seña de identidad. Es imposible defender como lo hacen, desubicados, acogotados pese a ganar presencia atrás con tres centrales en el dibujo de Etxebe, un técnico que vio como los suyos se perdieron en un hábitat donde debieron reinar.

No se puede permitir el paseo por una zona de influencia capital, un lugar desde donde el equipo debe emerger y hace lo contrario; encogerse, dar ventaja al rival y abrirle la puerta de casa. Ni son dominantes donde deben, ni se sienten cómodos. Deben sentir algo así como que te inviten a la boda de tu ex pareja, en una tarima donde los afectos se han perdido por la otra parte pero que laten en el interior propio. Y eso le sucedió al Murcia en la primera mitad; se perdió por carreteras secundarias y no llegó a tiempo a nada; ni a defender con criterio y contundencia, ni a arañar al rival… y eso que pudieron mostrar sus garras en el último cuarto de hora. Antes, los chavales del filial sevillista salieron en la foto del área local. Álex Costa, rematando al larguero, y, un cuarto de hora después, permitiendo al balón pasearse por el área de Piñeiro, de nuevo titular sentando a Gazzaniga.

Menos mal que los primeros pitos desperezaron a los murcianos. Flakus y JC Real -éste por dos veces- firmaron su presencia ofensiva en el área de los andaluces. Pero sólo fue eso, estamparon su sello, que no el gol. Fue ese dominio el resorte que necesitó Tamiou, hasta entonces horrible en defensa, para encenderse en campo contrario. A la primera, cinceló con su físico la jugada del gol. Fue Sierra el estilete. Poco necesitó ante un Murcia que volvió a repetir su indigencia habitual en su zaga.

En desventaja, los de Etxebe bailaron mejor, por impulsos, siendo más intensos con la gasolina al amor propio que supusieron los silbidos de la afición. Lo intentaron ganando profundidad en banda, doblando espacios y achicando a un equipo que tampoco se sintió asfixiado. Hasta el descanso, cuando de nuevo la grada se encargó de recordar silbando lo que es y debe ser el Real Murcia.

Y eso fue lo que los granas intentaron en la reanudación, pero sin un plan que definiera sus intenciones. La entrada de Benito oxigenó a nivel ofensivo a un equipo hasta entonces sin pulmón, y Palmberg, que le acompañó en la entrada, fue el protagonista del gol del empate en un balón suelto en el área sevillista. Quedaba media hora y, al peso, los de casa pusieron más en la balanza, pero de forma tan inconsistente que no vale consumirse en el esfuerzo. La exigencia no gana partidos, lo hace el gol. Y, con lo gastado (o malgastado hasta ahora), de momento no da para más. Queda mucho trayecto, lo que no sé es si la paciencia le acompañará a Felipe en el viaje.

Ángel García Álvarez

@__AngelGarcia__

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