Hoy es fiesta. Hoy juega el Murcia otra vez en casa. Son dos semanas de fiesta seguidas, y quién sabe si dos semanas de fiesta seguidas con final feliz, aunque eso sea una absoluta utopía en este estadio-castigo nuestro.
De momento, la mala racha ha cambiado por completo de dirección, pero en esa circunstancia, como en la contraria, uno procura ser prudente. Cuando el vaso está muy vacío, intento verlo medio lleno; cuando el vaso está llenándose, prefiero verlo también medio lleno, no olvidar esa parte que está vacía. Prudencia siempre, tanto en las buenas como en las malas, y tanto para el fútbol como para lo que no lo es.
En realidad, de fútbol, ese juego endemoniado, injusto y cruel, prefiero no hablar y escuchar a los que saben. Juanma Valero ve también el vaso sólo medio lleno, pero no por mi camino de la prudencia, sino por el de la sensatez y el conocimiento del juego. Lo hace en la Ser, en el programa de Victorio de Haro a mediodía, cuando cojo el coche un día de principios de semana. Aparece Juanma de repente y uno agradece una voz autorizada: está bien que un hincha médico o un hincha ingeniero o un hincha periodista nos dé su opinión y hable del Murcia, pero cómo alumbra escuchar de pronto a alguien que habla de lo que sabe y sabe de lo que habla.
“Creo que lo que ha cambiado fundamentalmente son los resultados y la eficacia del equipo”, dice Juanma de primeras, casi sin dejarla botar, y no por rebajar el clima de euforia tras dos victorias, sino simplemente por reflejar lo que vimos en el campo. Más allá de los puntos y el acierto, señala Valero, queda mucho trabajo por hacer, sobre todo sin balón, queda lo más difícil, hacer un equipo, jugar como un equipo. En efecto, el vaso sigue estando medio vacío, o medio lleno, claro, aunque ahora al menos podamos verlo con más puntos en la tabla. Pero falta construir un equipo; falta dejar trabajar a Colunga, si se le va a dejar trabajar, confirmar su continuidad y tener paciencia con él; falta saber aguantar la derrota a corto plazo, esa carencia histórica del Murcia que tanto lo ha lastrado.
Frente a eso, lo que sí debemos valorar esta semana, más allá de que ahora entren los goles hasta de chilena, es la renovación de Pedro Asensio al frente de la cantera y la de Joao Pedro Palmberg para que marque una época en el Murcia; lo que de verdad importa es que dejamos crecer a Héctor y a Carmona, y a ese Izan Segura que pinta extraordinario; que construyamos un equipo que no dependa de que el Teruel nos gane 0-1 esta mañana, un equipo que tenga una solidez a prueba de cualquier desgraciado 0-1.
Los que quedan en evidencia tras esta reacción son los nerviosos, los que daban por perdida la temporada a principios de octubre, los que creen que los resultados son una verdad absoluta y deben ser inmediatos, los ansiosos que impiden construir un largo plazo, porque ni siquiera creen en el medio. Los que creían que el Tenerife había subido en septiembre. En mitad del otoño, con toda la vida por delante, el Murcia debe seguir sumando, estar tranquilo, confiar en llegar bien colocado a Navidad e intentar, por encima de todo, construir un equipo. Si el objetivo es sólo subir, bajaremos el año que viene; si el objetivo es ser un equipo, será difícil que bajemos cuando subamos.
Cómo olvidamos que las temporadas son terriblemente largas, aunque la vida sea tan corta. En nuestra mano sólo está apoyar siempre, ser prudentes en la derrota y en la victoria y no dejar jamás de ilusionarnos, como en esta mañana oscura y preciosa de noviembre en la que nos visita, por primera vez, el Teruel. Esta mañana en la que tenemos la inmensa fortuna de poder decir de nuevo que hoy juega el Murcia.
Oliva
beandtuit@
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