REAL MURCIA -1-0- JUVENTUD TORREMOLINOS
REAL MURCIA: Gazzaniga, David Vicente, Alberto, Jaso, Cristo Romero, Isi Gómez (Sekou, 59), JC Real (Palmberg, 51), Pedro Benito (Pedro León, 79), Álvaro Bustos (Sarabia, 79), Ekain (Schalk, 59) y Flakus. Suplentes: Diego Piñeiro (ps), Cadorini, Héctor Pérez, Seyram.
JUVENTUD TORREMOLINOS. Javi Cuenca (ps), Edu López (Usseyn, 46), Javi Mérida, Dani Fernández, Sergio Diaz, Climent (Fran Gallego, 46), Cristóbal, Camacho, Peque Polo (Larry, 66), Christian Simo y Pito Camacho (Escardó, 85). Suplentes: Fran Martínez (ps), Héctor Martínez, Rodrigo, Jesús, Adrián, Rafa Roldán, Alset, Alonso.
Árbitro: Cánovas García (colegio valenciano). Amarillas para Climent (13´), Edu López (17´), JC Real (45+12), Jaso (85´), David Vicente (89´)
Goles: 1-0 (min. 13): Flakus, de penalti.
Incidencias: Nueva Condomina. 15311 aficionados.
Comentario: Los partidos ya no son partidos. Han perdido su esencia, su ritmo y su identidad. Eso de las tarjetas a los entrenadores, es como cuando éramos cadetes de primer año y nos daban el pase gratuito para las discotecas; te abrían la puerta, pero no te daban la llave para más. Era como tener expectativas y no saber donde cumplirlas, algo tan intangible que apenas alerta al favorecido y pone en tensión al feo. La vida, dirán algunos, en la que el fútbol se esconde en la picaresca y el débil siempre pierde.
Lo peor es que apenas hay debilidad en la duda, miserias en quien encuentra motivos para acariciar la tarjeta y entregarla. No sé, de verdad, prefería lo de antes, lo de ese antaño que apenas nos transporta meses atrás. Se hace ilimitada la pausa, se cercena la pasión, se duele la norma en sí misma cuando reduce la velocidad. Para eso, o lo haces bien o no lo haces. Dar ese poder al banquillo es jugar con uno más por equipo. Para lo demás, pues vale, se corrige, se complace al que duda y se exige al colegiado una interpretación que, por ejemplo, en ellos fueras de juego, hace sostener con la mirada líneas imaginarias. No penséis mal los que podéis leer esto, no es un ejercicio de complacencia, es una queja que nos lleva al fútbol a un diván donde el único terapeuta es una pantalla que, además, presenta unas imágenes lamentables.
Volviendo al fútbol, poco que contar. Parece que Joseba tiene en su nivel de exigencia una obligatoria salida en tromba, como en la batalla, con los caballos relinchando para marcar territorio. Seguro que las dentelladas pueden atormentar al rival. Y le da resultado, aunque ayer con la ayuda de esas cámaras que confundieron a favor. Flakus marcaba de penalti y parecía todo que el viento en la vela grana empujaba. Pero el rival, lastrado por lo extradeportivo, quiso justificarse con la dignidad en la solapa. Y lo hizo, como lo van a hacer todos los rivales que se enfrenten al cuadro grana esta campaña; buscando sus espaldas en una defensa que sufre. Son las espaldas de la zaga el campo de batalla visitante. Presionar tan arriba se sostiene con una defensa mirando siempre el retrovisor y con la quinta marcha en la caja de cambios, No basta intentar llegar, solo sirve ser rápidos y, los de Torremolinos, conocían de memoria la lección, lástima para ellos que no la recitaran de carrerilla y que se encontraran con una revisión donde las líneas llevaban curvas de montaña. Hasta el final, solo se acumularon los minutos al reloj, se hicieron infinitas las dudas, pero, paradójicamente, el Murcia recibió los beneficios de sombras anteriores y dudas pasadas. La ventaja, en minutos y resultado, ajustició a una mitad que dejó a la grada con la sonrisa entre dientes.
Con la vida en el crono y el retraso en la hora se inició una segunda parte que fue un correcalles, un guion box to box donde el estandarte del desequilibro marcó el suceso en el césped. Los cambios, la defensa local y el ritmo endiablado sin ataduras hizo el resto. Menos mal que no hubo visitas a la cámara e intermitencias deliberadas. Tampoco hubo sustancia ni alimento, aunque lo deseáramos. Tal vez, los de Málaga buscando contras en campo contrario y los nuestros apelando a la sencillez. No quisieron sufrir, aunque lo hicieron. Solo un remate de David Vicente, sobre la hora, que Javi Cuenca y el larguero se encargaron de desbaratar. Lo demás, fue una grada enaltecida por el ritmo -que se asoció a los espacios regalados- y un rival que mostró lo que es, un recién ascendido al que le costará adaptarse a campos y rivales que asustan por historia. Festejar victorias como la de ayer, objetivamente, exigen más.
Ángel García
@__AngelGarcia__
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