REAL MURCIA -1-0- SD TARAZONA
REAL MURCIA: Gazzaniga, David Vicente, Jorge Sánchez, Jon Gartcía, Jorge Mier, Óscar Gil, Palmberg (Moyita, 93), Víctor Narro (Isi Gómez, 74), Jorquera (Sekou, 74), Ander Yoldi (Cristo Romero, 68) y Flakus (Pedro Benito, 74). Suplentes: Pîñeiro (ps), Cristo, Antonio David, Ekain, JC Real, Juanto Ortuño, Pêdro León y Meca.
SD TARAZONA: Josele. Delmás,Marc Trilles (Traoré, 74), Borge, Chechu, Carrasco, Vaquero (Armero, 74), Busi, Carlos Nieto (David Soto, 84), Agüero (Cubillas, 58) y Álvaro Jiménez. Suplentes: Amigo (ps); Ángel López y Martinez.
Goles: 1-0 (min. 33): Óscar Gil.
Árbitro: Escriche Guzmán (Colegio valenciano). Expulsó con roja directa en el 61 a Jorge Mier. Amarillas para los locales Jorge Sánchez y Gazzaniga. Por los visitantes Marc Trilles y Agüero.
Incidencias: Nueva Condomina, Entrada muy pobre con apenas 7000 espectadores en las gradas. 7009 para ser exactos.
Comentario: 7 de 33, mejoran los porcentajes, que no las sensaciones. Pero eso es lo que importa; sumar de tres y dejar de sufrir. Como si tienen que celebrar al final despejes, cortes de balón a nivel defensivo, pelotazos largos… daba lo mismo. Para eso hemos quedado cuando seguimos viendo el descenso con la guadaña cercana, cuando la bofetada de realidad que nos ha dado la competición nos lleva a asegurar la permanencia como una Champions de los pobres -siendo muy ricos en la categoría-. Se lo merecía Curro Torres, mucho, por ser valiente y coger las riendas de un equipo moribundo que ayer gastó una vida para mirar por el retrovisor el descenso.
Porque, al inicio, el nudo apretaba, pero poco.Era extraña la fuerza de la ansiedad, el dolor de la grada, las miradas furtivas al amor propio cuando apenas ya existe en un plantel que quiso exprimirse para encontrarlo. Pero fue fácil, la parte de la cuerda sostenida por los aragoneses no tuvo quien la sujetara. Jugar ante un rival que no fue rival adecentó el camino y no dejó baches pese a que en los granas no hubiera grava para remendar.
Fue un partido de esos que hubiera firmado Javier Cemente hace años, de esos en los que lo importante era puntuar para, al menos, no salir silbado, recriminado por la grada. Lo de los murcianos duele. Y es un dolor que daña al corazón, al sentimiento y a la vista. Gastarse un pastizal para esto, sacar brillo a la pasarela para salir con remiendos emocionales en un fútbol que no quiere aparecer. Menos mal, insisto, en que el Tarazona no quiso venir con el cuchillo afilado, con los dientes brillantes, con las dentelladas a punto. Ni un solo disparo de los aragoneses en el primer acto, ni uno solo. Luego, se le une una falsa apatía que adormece a la grada, sensaciones muy duras. Por eso en el primer acto fueron mejores, sin una superioridad insultante, pero mejores a un rival que no quiso firmar la asistencia. El gol hizo justicia a unas estadísticas muy favorables en la balanza ofensiva -seis disparos frente a ninguno de los de Juanma Marrero-. Pero ese gol, que aligeró los ánimos, les dio la vida hasta el descanso.
No era lógico que el Tarazona siguiera igual en la reanudación. Era fácil para ellos cambiar, solo era cuestión de aparecer, no ya de tratar de jugar. Lo hicieron estando en campo contrario, jugando pegado a las bandas y haciendo desubicarse a los centrales, a la espera del fallo. Y este llegó en el 61, con la expulsión de Jorge Mier. Yerra Jon García en la ayuda y deja vendido a los suyos. Mier, tratando de arreglar el desaguisado, llega tan justo como para provocar su roja. Menos mal que no fue penalti. Le quedaba media hora final de sufrimiento. 30 minutos en los que los nervios volvieron a ir de la mano del equipo de Curro Torres. Un gol anulado a los aragoneses y mucha tensión. Poco más que contar. Pero no nos vengamos arriba. Ganamos, pero nos faltan, aún, diez puntos. Ah, Gazzaniga nos salvó y vimos a Moyita por el campo. No le recordábamos algunos.
Ángel García
@__AngelGarcia__
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