Hoy es fiesta, aunque no sea domingo y no estemos para muchas. Hoy juega el Murcia y viene de nuevo el Nàstic, ese equipo que hace sólo cinco meses nos despertó del sueño. Hoy, sobre todo, es el día en el que el Murcia rendirá homenaje a uno de sus socios más fieles de las últimas décadas, Pablo García Serrano ‘Drakki’, fallecido hace poco más de dos semanas a los 53 años.

Lo hará 15 minutos antes del partido, en esas gradas que él llenó tantas veces, en casa y fuera, de manera incondicional, hasta el final. Esa grada que ahora vemos tan animada, pero que vivió tiempos en los que no éramos tantos, a pesar de estar en Segunda. Tiempos en los que se forjaron muchas pequeñas grandes familias granas.

Empezaba el siglo y el nuevo Murcia de Samper, aquel Murcia ascendido en Granada, no terminaba de carburar. Vivíamos en el viejo estadio, felices entre Santa Eulalia y La Fama, no había movimiento peñista, ni himno del centenario; la gente apenas se ponía la bufanda, acaso cuando hacía frío, y no se sabía ni cuándo se había fundado el Murcia. En el móvil no había whatsapp ni instagrams, todo era muy analógico, pero en aquellos ordenadores prehistóricos comenzaban a surgir foros de Internet en los que cada loco podía hablar de su tema con otro que increíblemente aún estaba más loco. En este tiempo actual de redes sociales cuesta entenderlo, pero por entonces fue una revolución. El mundo virtual.

El murcianismo pronto encontró allí también su lugar. No éramos tantos, pero casi todos pasamos por allí en algún momento. El Foro del Murcia, el auténtico. El Foro, socio. Allí se hablaba del Murcia y de lo que no es el Murcia; se hablaba algo de fútbol y mucho de lo que no es fútbol. Aquello era un enorme bar en el que siempre había un murcianista en la barra con el que discutir, prácticamente a cualquier hora. Fue una larga década llena de emociones para el murcianismo –cómo no—, que allí pudimos compartir, y que terminó por construir una comunidad con unos cimientos sólidos. Entre peleas y treses (3), filias y fobias, algún insulto y muchas, muchísimas, risas, quiero creer que construimos murcianismo, que algo de todo aquello contribuyó al crecimiento actual.

Pero sin duda lo más importante de aquella comunidad es que fue el origen de muchas pequeñas familias granas. Cuando la gran comunidad de anónimos nicks terminó por caer ante la llegada de otras cosas modernas, nos quedó la vida real. La amistad, la calle. Quedaron las previas, miles de partidos, cientos de viajes, abrazos de gol, descensos de todo tipo, cervezas y risas y camaradería y el saber que cuentas con un puñado de tipos que no te va a fallar nunca, jamás. La familia grana. Tu familia grana.

Drakki era y seguirá siendo parte importante de una de esas pequeñas familias murcianistas que celebran el Murcia y la vida casi como si fueran una misma cosa. Su familia grana, que lo arropó en su despedida y hoy le rendirá homenaje junto a todo el murcianismo, en su casa. Juntos han recorrido los campos de media España, Vinagres on tour, con la sonrisa y el acento inolvidables de Drakki, sus ojos brillando en una previa siempre, aun sabiendo mejor que nadie que esa tarde volveríamos a perder 0-1.

“No me puedo creer que no lo vaya a ver de nuevo a mi lado”, me decía destrozado, un día después de su muerte, su hermano Black, su hermano murcianista, que es quizá una de las formas más bonitas que hay de ser hermano.

Pero hoy es fiesta, aunque no estemos para muchas, hoy juega el Murcia y creo que hasta el propio Black sabe que, aquel día, se equivocaba. El puto Murcia. Siempre el puto Murcia. La familia grana, el sentido de todo esto, si es que lo tiene. Creo que te equivocabas, amigo; creo que lo sabes. Porque esta noche, qué cojones esta noche, todo el día, desde bien temprano, lo vas a tener a tu lado. Y en cada gol, en cada viaje. En cada partido, en cada suspiro. Es el único sentido de todo esto. Lo verás a tu lado, lo veremos siempre a tu lado.

Descansa en paz, Drakki.

Oliva

@beandtuit

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