FC CARTAGENA-0-1-REAL MURCIA
FC CARTAGENA: Lucho García, Dani Perejón (Calderón, 74), Rubén Serrano, Imanol Baz (De Blasis, 55), Nacho Martínez, Pablo Larrea (Edgar, 46), Fidalgo, Diego Gómez (Ánder Martín, 46), Luismi Redondo, Kevin Sánchez (Ortuño, 67) y Chiki. // Suplentes: Iván Martínez (ps), Jhafets (ps), Nil Jiménez, Marc Jurado, Fran Vélez, Chuca y Nacho.
REAL MURCI: Gazzaniga, David Vicente, Alberto, Héctor Pérez, Mier, Isi Gómez, Antonio David (Sekou, 56), Pedro Benito (Cristo Romero, 46), Ekain (JC Real, 56), Álvaro Bustos (Pedro León, 62) y Flakus (Palmberg, 86), // Suplentes: Piñeiro (ps), Andrés, Jaso, Jorge Sánchez, Sarabia y Lara.
Goles: 0-1 (min. 17): Héctor Pérez.
Árbitro: Ruipérez Marín (colegio castellano-manchego). Amarillas para Ekain (31´), Imanol Baz (36´) y Nacho Martínez (55´).
Incidencias: Municipal Cartagonova. Lleno.
Comentario: Fueron minutos de desasosiego, de tensión, de unos nervios pidiendo desbocarse en forma de berridos, de gritos, de aullidos, de un relato que, misteriosamente, no tuvo misterio. Se pensaba que los cimientos perdían estabilidad, que el vértigo del movimiento embestía una idea capital donde el prestigio de la Región se peleaba en noventa minutos. Pero no, el terremoto, ese que sentimos muchos en la capital, llevaba tiempo candente en un municipal cartagenero que no encontraba su identidad.
La verdad, la misma, fue robada por la sexta parte de la grada, un fondo que multiplicó prestaciones al mismo ritmo que lo hizo su equipo en el césped, un bloque que desarboló a los locales haciéndoles minúsculos, pequeños en un mundo donde se veían volando, con alas, con más ínfulas que juego. En el derbi fueron una sombra durante el primer acto y destellos intermitentes en la reanudación. Los granas, mientras, se gustaban. Necesitaban poco, y cuando perdían sustancia aparecía Gazzaniga, perfectamente guardián de un equipo con la memoria ajustada a la idea de Colunga. Son deudores los del Murcia de una historia en la que dos meses atrás escribían fútbol en renglones torcidos, con el pulso tembloroso. Ahora, lo hacen con buena letra y mucha mejor actitud. Se han soltado lastre y acuden, de vez en cuando, a reflejar en el espejo un fútbol tan aseado como funcional. Poco les vale cuando han tocado fondo y saben lo que se siente, cuando cenaron hace semanas sopas de miserias con pan duro, cuando llegaban a casa con la tristeza de no recordar lo que llevaban en las botas, cuando, en definitiva, se sentían diminutos en una grada con dioses de barro que era capaz de increparles cuando debía mirar a los despachos.
Solventadas las dudas con sentido común, eligieron el lugar más grande para vindicar un momento en el que les falta pecho para golpear sus ánimos; Cartagena, una ciudad que compensa su desequilibrio en la gestión del equipo de fechas pasadas con la ilusión de un fútbol que engulle adeptos. Posiblemente, los albinegros jugaron, pese a la intensidad, uno de sus peores partidos de la temporada; sin ideas, obcecados por lo evidente pero sin las dentelladas habituales. Pero lo hicieron así porque el Murcia no les dejó, no es cuestión de restar méritos a unos granas que, defensivamente, se colgaron en las orlas de los doctorados en territorio hostil. Ver a un crío marcar, verlo sostener al equipo, ponerse galones de comandante cuando es un recluta y no desentonar… ufff… no es normal. Si le acompaña la tropa de alrededor, si Gazzaniga busca la santidad, si Isi Gómez vuelve a ser el rockanrolero deseado… parece que esto arranca. Por eso el Cartagena fue un alma en pena en muchos minutos, peleado con el ritmo grana, por la madurez que, como bloque, han macerado en apenas dos meses.
No se puede contar mucho más cuando en un derbi no importa el fútbol, lo hace el resultado. Del fútbol está todo dicho, y de la sobredosis de moral que se llevan los del Murcia, también. Los tres puntos son los novios en el sí quiero, el primer beso en la emboscada de un portal, las mariposas buscando hueco en un estómago que digiere la victoria. La semana pasada fue amor, poco a poco, buscamos refugio para hacerlo en una semana donde pasear la bufanda es la declaración de intenciones ante la realidad del equipo.
(No me olvido de Goiria; tú también, Asier, tienes culpa de esto. De no haberte ido, no seríamos capaces de no dormir en noches como esta).
Ángel García
@__AngelGarcia__
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