Hoy es fiesta. Hoy juega el Murcia, de nuevo ante un filial, de nuevo en casa un viernes por la noche, con esa extraña sensación que eso nos deja ya para todo el fin de semana. Algo perdidos. Desorientados.
La segunda derrota de la temporada, también por la mínima, ha caído como una bomba para un murcianismo que iniciaba la temporada ilusionado hasta las trancas. Quizá demasiado. Cinco de quince, te repiten, como argumento incuestionable, y ahora le suman, con toda la razón, la imagen absoluta impotencia de la última media hora del equipo en Algeciras. Cinco de quince, repiten, y añaden ese toque resabio de todo futbolero opinador: “Esto se veía venir”.
¿Qué se veía venir exactamente? ¿Dirían lo mismo si lleváramos los ocho o nueve puntos que perfectamente podríamos llevar desplegando el mismo juego?
Evidentemente, no. El fútbol, como todo hoy en día, vive en un estado de urgencia que no espera a nadie, que apenas deja trabajar y juzga desde el primer día, impaciente. No hay proceso, sólo resultado, que da y quita razones. El fútbol, además, sufre ese abuso absurdo del empleo de los datos, que lleva a tipos adultos a darle importancia al puesto en la clasificación a estas alturas, como si eso fuera un dato relevante. Los datos, que bien manejados son fuente de conocimiento, dicen poco o nada cuando se usan mal, y más en una competición en la que ningún equipo ha perdido o ganado demasiado en cinco jornadas.
Pero sí, llevamos cinco puntos y esto se veía venir, dicen. Quizá también vieron que dos centrales iban a caer lesionados o que casi todos los refuerzos han tenido problemas físicos desde que llegaron al Murcia. De hecho, todo eso también forma parte de la mala planificación, argumentan. Todo mal, todo es un desastre. Y todo, en realidad, sólo por llevar cinco puntos.
Lo que sí vimos todos venir, al menos los que llevamos décadas siguiendo al Murcia, es esta crítica destructiva y exagerada a las primeras de cambio. Eso nunca falla en Murcia. El catastrofismo desmesurado, una sed feroz por ajustar cuentas con todo y con todos; las ganas de crear un ambiente propicio para el cataclismo, para la pitada de hoy que ayude a hundirnos un poco más. Eso de dar por finiquitada la temporada a finales de septiembre (!), de tirar la toalla y dejar de creer a las primeras de cambio, sin posibilidad de darle la vuelta; esa negatividad ancestral que sobrevuela y parece gritarnos que lo que empieza mal sólo puede terminar mal.
Contra ese clamor prácticamente imparable, me temo que sólo existe una solución, por el momento: ganar hoy.
Y digo por el momento porque albergo la esperanza de que ese nuevo murcianismo que ahora asalta el estadio pueda crecer sin desarrollar ese vicio catastrofista de tantas generaciones. Que sepa ver un poco más allá, que entienda que en fútbol dos más dos no son cuatro y 5 de 15 no son 10 de 30 ni serán 20 de 60. Que hay equipos, en otras latitudes, que empiezan mal y terminan bien, no por magia ni por suerte, sino porque el fútbol siempre ha sido así. Que hay que apoyar siempre, y sobre todo cuando se pierde. Que hay que querer sobre todo cuando se falla.
No sé si es pedir demasiado, pero quién sabe. Si han sido capaces de llenar Nueva Condomina en pocos años, quizá puedan incluso destruir nuestros monstruos. Hoy volverán a estar ahí, hoy volveremos a estar todos ahí, hoy juega el Murcia.
Oliva
@beandtuit
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