Hoy es fiesta. Hoy es domingo, juega el Murcia y encima mañana es casi más Navidad que el día de Navidad. Olvidando la enorme ilusión copera, hoy retomamos nuestra ilusión del día a día, la que nos alimenta desde el verano, nos desvela en cada tropiezo y nos quita la vida y nos la vuelve a dar, a veces incluso en el mismo partido.
Hoy en realidad nos jugamos la Navidad contra el Europa, casi nada. Porque el último partido del año en casa, el que precede a la Navidad, marca las fiestas. Qué cojones importará el cuñado en la cena familiar, la crispación política en la comida de amigos o que no vuelva a tocarnos ni la pedrea. Todo pasa por no perder hoy. Todo. Hoy nos jugamos la Navidad. La (buena o mala) cara que tendremos esta Navidad.
En mi memoria siempre estará aquel Murcia-Extremadura con Pepe Mel de hace 25 años ya. (25, vaya tela). Aquel Murcia recién ascendido en Granada, tras alguna duda y un sorprendente cambio de entrenador, llegó a enamorar con su juego. Era un equipo distinto ese de Mel, que aquellos meses previos consiguió algún resultado destacado y con un estilo que nos hacía soñar con una etapa gloriosa. Empezaba el siglo en pocos días, éramos jóvenes y parecía que algo grande podía suceder.
Fue un miércoles, jornada entre semana, y teníamos enfrente al Extremadura, un hueso en aquel tiempo, para asaltar la parte alta de la tabla. La Condomina de siempre con buen ambiente y hasta los pasteles de carne de Consuegra estaban ilusionados. Pero el Murcia ese día no dio su mejor cara, fue siempre a remolque y terminó derrotado con hat-trick de David Karanka, un par de años antes de ser nuestro.
Lo peor no fue el partido, ni la derrota. Lo peor fue la Navidad, la cara que arrastramos toda la Navidad del cambio de siglo. Lo peor fue la desilusión.
El Murcia de Mel no volvió a ser el mismo. Hizo algún otro partido brillante (aquel inolvidable 0-3 en el Calderón), pero, demasiado irregular, no llegó a la parte alta e incluso, cómo no, terminó por complicarse la vida. Pepe Mel nos dejó tirados en verano y esos sueños se esfumaron. Después llegaron ascensos, descensos y todos los enredos que ha traído este siglo, como si estuviera marcado por la desilusión que encajamos aquella noche en la que el Murcia jugó su último partido del siglo XX.
Hoy es fiesta y es importante no perder. Nos jugamos la Navidad, la cara que tendremos esta Navidad. Pero qué cojones. Echando la vista atrás es imposible que una derrota, ni dos, ni tres, nos amargue estas fiestas.
El domingo 9 de mayo de 2021, hace sólo cuatro años y pico, 1.464 murcianistas vimos cómo se confirmaba nuestra caída a cuarta categoría contra el Tamaraceite. Aquel día, aquel mes, aquellos años, era completamente impensable imaginar que más de 30.000 murcianistas llenarían el estadio el pasado jueves, y muchos más que hacen cola para ilusionarse con todo lo que está por venir.
Una absoluta locura después de tantas navidades pensando que, para el Murcia, serían las últimas.
Así que ninguna derrota contra el Europa podrá amargarnos la Navidad, más allá del cabreo puntual. Ninguna podrá borrar la ilusión de seguir viendo jugar al Murcia. Lo importante es que dentro de 25 años habrá un chaval que, por estas fechas, recuerde que hace 25 años el Europa nos visitó justo antes de Navidad, un día nublado, una noche no muy fresca. Y ese chaval pueda acordarse del partido, ojalá un partido con final feliz, no como aquel del año 2000. Lo importante es, sobre todo, que pueda levantarse ese día y decir, como nosotros esta mañana, que hoy juega el Murcia.
Oliva
beandtuit@
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