Hoy es fiesta. Hoy es domingo, hoy juega el Murcia contra el Algeciras a una hora terrible para niños (hay cole al día siguiente), adolescentes, jóvenes (instituto, universidad), currantes de cualquier edad (menudo lunes espera en pocas horas) y toda persona que tema resfriarse tontamente a finales de enero. Vamos, hora terrible para el 99 por ciento de la humanidad, sabiendo que se nos harán fácilmente las 11 y pico de la noche para llegar a casa. Menuda fiesta la de hoy. Pero, ya sabes, el fútbol dejó de pertenecer al hincha hace tiempo, robado por los que mandan y entregado al telespectador. Pasaremos frío y mañana estaremos rotos, pero todo sea para que un señor de Calatayud pueda ver esta noche en su sofá un Murcia-Algeciras con la calefacción a tope y botella y media de vino tinto.

Frío. En Murcia hace mucho frío, y sólo el que no ha vivido en Murcia puede pensar que estoy de cachondeo. Un frío de la hostia, un helor huertano que se te mete en el cuerpo y no te sale hasta primavera. Una sensación térmica extraña, digna de estudio, el puto frío húmedo. Todo el mundo aquí cuenta una leyenda parecida, tipo “mi primo tenía un amigo del norte de Canadá que dijo que había pasado más frío en Murcia que allí”. Sólo cambia el origen del amigo del primo, y si introduce o no la otra frase clave de la leyenda: “En Canadá te abrigas y ya está, pero el frío de Murcia se te mete en los huesos y se acabó, por mucha ropa que lleves”. Un día tonto aquí, de esos de 11 grados pero con vientecillo helado, equivale fácilmente a unos 16 bajo cero de Centroeuropa. A mitad de enero, en una casa de Murcia sin calefacción, puedes encontrar pezones bastante más duros que Hulk después de salir del gimnasio. Sólo el que no ha vivido en Murcia puede pensar que estoy de cachondeo.

Rival durísimo. El Algeciras es un poco como el frío de Murcia: un gran desconocido. Sólo el que no conoce nada de la categoría puede pensar que es un partido cómodo. Sabemos que hace frío en Boston, en Groenlandia, en Albacete y en Nepal, pero olvidamos el frío de Murcia. Tenemos claro que sufriremos mucho contra el Eldense, el Cartago o incluso el Madrileño, pero más de la mitad de los que esta noche pasarán frío en Nueva Condomina piensan que somos mejores que el Algeciras, que este partido hay que ganarlo, que incluso debemos ganarlo con cierta autoridad, porque el Algeciras, a bote pronto, suena más a San Fernando o Linares; porque hay que tener bien metida en la cabeza la clasificación del grupo para saber que, si hoy nos diera por perder, el Algeciras estará por delante.

Hoy juega el Murcia. Jugamos a una hora terrible, con un frío de la hostia y contra un rival peligroso, que encima no lo parece. Lo increíble es que durante la semana, después de dos resultados adversos, lo que más hemos deseado es que llegue por fin esta noche, ese momento de frío y angustia que nos concede una felicidad distinta, casi inexplicable. Nos robaron el fútbol, que ahora vaga perdido entre el sofá y la televisión, pero no han podido robarnos la ilusión por el Murcia, que se ha multiplicado hasta el punto de que ya no hay horas terribles para un murcianismo que volverá a acudir numeroso y animado al estadio. Ese nuevo murcianismo que sin duda viajaría hasta Groenlandia, Albacete o Nepal, o a cualquier otro de esos sitios donde hace frío, pero no tanto, si le dijeran que hoy, allí, juega el Murcia.

Oliva

beandtuit@

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