REAL MURCIA-2-1-ALCORCÓN
REAL MURCIA: Gazzaniga, David Vicente, Héctor Pérez, Jorge Sánchez, Jorge Mier (Andrés López, 83), Sekou, Antonio David, Pedro Benito (Schalk, 84), Palmberg (Ekain, 59), JC Real (Bustos, 59) y Flakus (Isi Gómez, 73). Suplentes: Kajala (ps), Manuel (ps), Adebayo, Manuel Lara, Pedro León y Cadorini.
AD ALCORCÓN: Ayesa, Lanchi (Samu, 46), Iván Pérez, Joan Rojas (Jordi Pola, 90), Sergio Nieto, Tarsi Aguado (David Navarro, 74), Yael Ballesteros, Rafa Llorente. Esteban (Borja Martínez, 74), Luis Vacas (Mariano, 56) y Vladys. Suplentes: Oriol Martí (ps), Lucas Pérez y Rai Marchán.
Árbitro: Aranda Delgado (colegio andaluz). Amarillas para el local Bustos y los madrileños Samu y Luis Vacas.
Goles: 1-0 (min. 37): JC Real; 2-0 (min. 60): Iván Pérez, en propia puerta; 2-1 (min. 88): Iván Pérez.
Incidencias: 13128 espectadores en Nueva Condomina.
Comentario: Ya no es espuma, ni la gaseosa con su efecto habitual; agitada, loca, energética. Es el Real Murcia de Colunga, un equipo con identidad definida y con agallas más que juego. Insisto, ya no es este bloque una sorpresa ni la grada un velatorio. Todos festejan, sonríen, se gustan, se lanzan arrumacos, y se quieren. Lo que se transmite desde el campo es un mensaje que hace que la grada sienta mariposas en el estómago. El amor que se esperaba en la pretemporada era esto, lástima que se hayan perdido citas, que los corazones con iniciales haya costado tallarlos, que Goiria y sus secuaces nos llevaran casi a un divorcio del que hemos salido reforzados y más enamorados de lo que podemos estar. Gracias, debemos decirle. Gracias y no vuelvas. Gracias y déjanos que Colunga nos siga escribiendo poemas para tortolitos, versos donde al fin sentimos que los suyos protagonizan una historia que nos hace caminar sin pisar el suelo, soñando en colores y puestos de playoff.
El amor es esto. Lo habíamos olvidado. Ya no nos interesa el balón, ni poseerlo, ni el dominio, no. Todos queremos que el Murcia gane como sea, que afile el colmillo, que muerda yugulares, que desangre al rival, un nuevo guión de Bram Stoker sin fijarnos en quién nos guiña el ojo. Así podremos escribir una historia donde los besos sean goles y los abrazos nos lleven de la mano a las victorias aunque el rival nos perdone la vida y nosotros le crucifiquemos. No está la tinta en el césped, ahora mismo, para las elegías de inicio de campaña, estamos nosotros para leer lo que unos gladiadores explican a base de garra, tesón y actitud, sobre todo, actitud. Porque con esas armas nos basta para mirarnos al espejo, peinarnos la raya al medio y no fijarnos si estamos con nuestras mejores galas, solo si vamos aseados.
Y así ganamos. Y cruzamos los dedos porque Vladys se sintió indefenso ante Gazzaniga por dos veces, porque los madrileños nos regalaron oxígeno y nosotros llegamos a desperezarnos sintiéndonos superiores pese a sufrir. Porque también sufriendo se ama, aunque no debería nunca ser así, nunca. Menos mal que estaba JC Real, un rey sin corona, discutido por quienes ignoran la calidad y amado por los que valoran el tacto a terciopelo de sus pases. Ayer dio una lección de baile cuando otros desfilaban amontonados, cuando el compromiso del plantel significó los puntos, cuando los meritorios han demostrado que están más para orlas de graduación que para firmar como becarios.
Y así ganamos. Vencieron a las dudas y al desamor de la grada, ganaron a los miedos y sumaron tres puntos ante un rival con tanta envergadura en nombre como ineficacia en ataque. Fue una prueba de fuego real, nada de fogueo, una prueba donde se despejaron dudas sin pasar por un diván. Este Murcia parece otro, con una autoestima brutal, con una inercia que daña al rival. Además, tienen la suerte que se gana peleando, la que no se busca porque hay una cita ante ella de la que se sale con corona, magullado, pero con la sangre fluyendo. Ahora sí, ahora estos jugadores tienen otra pinta; se han quitado ese misticismo con el que se arreglaban dudando de sí mismos, preparados para ser ninguneados. Ahora, no se pierden en banalidades para creer, por fin, en sí mismos y pensar que son lo suficientemente capaces como para soltar anclas y ser lo que muchos deseaban. El amor, con Colunga, ya no recuerda su pasado y escribe historias granas de futuro.
Ángel García
@__AngelGarcia__
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