REAL MURCIA-3-1-CE EUROPA
REAL MURCIA: Gazzaniga, David Vicente, Héctor Pérez, Alberto, Jorge Mier (Jaso, 71), Isi Gómez (Antonio David, 40), Sekou, Álvaro Bustos (Flakus, 59), Ekain, Cristo Romero y Pedro Benito (Pedro León, 71). Suplentes: Manuel (ps), Zeka, Manu Lara, Palmberg, JC Real Andrés López.
CE EUROPA: Juan Flere, Campeny, Cano (Sgró, 46), Joan Puig (Óscar Vacas, 46), Guillem (Álex Plá, 77), Meshak, Izan González, Roger Escoruela, Ghailan, Khalid (George, 77)y Jordi Cano (Mahicas, 90). Suplentes: Lucas García (ps), Adam , Céspedes y Toni Caravaca.
Goles: 1-0 (min. 9): Mier; 2-0 (min. 15); Pedro Benito; 3-0 (min. 45): Cristo Romero; 3-1 (min. 45+2): Roger Escoruela.
Árbitro: Rodríguez Recio (colegio madrileño). Amarillas para Mier (45´+ 6), David Vicente (59´), Pedro Benito (61´), Juan Flere (62´) y Escoruela (79´).
Incidencias: 10351 espectadores en Nueva Condomina. La entrada más floja de la temporada en una noche lluviosa.
Comentario: Algunos rogamos, rezamos, imploramos al cielo, al suelo y a la realeza del balón para alcanzar el cierre del año con veinticinco puntos. Lo hicimos tanto que llegamos a crear una religión cercana a la fe de quien no tenía esperanzas, buscando el opio del pueblo lejos del rastro que nos habían dejado Goiria y Etxeberría. Lo veíamos complicado, veíamos una doctrina cuyas tablas llevaba Colunga, abriendo las aguas de una clasificación en la que nos anclamos entre las miserias y las patrañas que nos contaron aquellos en pretemporada. Muchos las creyeron, otros, como yo, fuimos incrédulos a una causa que nos vendieron los iluminados que ya no ofrecen luz ni a la prensa amiga ni a los súbditos de la ilusión. Y tenemos 26, uno más, una ventana a la ilusión.
Ahora, Colunga ha enchufado el sentimiento grana con un credo sostenido en el mérito, en el trabajo, en el pico y en la pala. No hay más cuando la realidad del esfuerzo ha dado sus frutos en una recolección colectiva de esfuerzos, de ayudas, de tesón. Sorprende que haya sido este equipo resultado de una combustión que necesitó solo orden y bofetadas de realidad para reaccionar. Y lo ha hecho para despedir 2025 con la ilusión en el tubo de escape marcando velocidad, dejando el rastro atrás a los que se han hecho hueco a la espalda de los murcianos. Porque el Real Murcia no podía ser aquello ni tampoco caer en la irrealidad de los sueños. Amanecer colista tras la octava jornada y ejecutar la resurrección como actividad común en el césped nueve jornadas después. Poco más que firmar. Acabar cuarto, buscando esa estela que comentaba hace escasas líneas en un retrovisor al que conviene sacar brillo.
Y no ha sido Colunga solo, no, ha sido un aura conjurado que ha llevado a los jugadores a sentirse mejores de cómo se veían en octubre, de cómo competían a inicios de otoño, de cómo algunos les vendían motos y aviones de combate en pretemporada. Por desgracia, nunca nos quitaremos la sombra de esos amigos vascos que nos vendieron la gloria envuelta en papel de penuria. Pero estamos a tiempo de ver que en quince minutos, como ayer, pasamos por encima de un Europa que estuvo perdido buscando, por igual, el balón y su propia actitud. Quince minutos de locura en los que parecíamos el Acho Dream Team. Volábamos, engullíamos metros, comíamos el césped y la sombra de una zaga rival que nos dejó bailar en su verbena. Y nos crecimos gustándonos, jugando a placer, parecíamos de Champions y los catalanes un desastre, sobre todo atrás. Sorpresa ¿no? Hasta Cristo, jugando de extremo, hizo el tercero al borde del descanso. Lástima que Escoruela, su mejor activo ayer de largo, recortó la goleada en un descuento interminable.
Llegábamos al descanso, pese al gol catalán, henchidos.
Pero nos adormecimos en la reanudación y el Europa mutó. Su metamorfosis les acercó a lo que realmente algunos esperábamos, a lo que son tras un primera parte lamentable por su parte -y por la ambición grana-. Nos arrinconaron, nos hicieron pequeños y comenzamos a sufrir defendiendo. Ellos parecían gigantes y nosotros minúsculos. Llegaban, llegaban y llegaban. Jugaban en treinta metros en nuestro campo y nosotros, albañiles del esfuerzo, elevando la muralla sobre Gazzaniga. Hasta que Flakus, en una contra, puso la cuerda en el cuello al Europa avisando de que aún estábamos con vida.
Los cambios de Colunga dieron vida, pulmones y esperanza. Ellos, pese al control del balón, carecían de claridad en el área grana. Control, pero sin potencia, dominio, pero sin gol. No había rastro en el césped de lo que había sido el Europa en el primer acto, este equipo era otro y nosotros, con esfuerzo, soltábamos la soga que nos ataba.
En los últimos minutos, el correcalles ganó la batalla. Con los dos equipos partidos, emergió la figura de Sekou en el centro del campo grana. El africano lo hizo todo; robó, dio criterio y sostuvo el empuje de los escapulados. Poco más se puede contar de una victoria de pedigrí, de esas que catapultan los ánimos y elevan las expectativas. Ahora, llegar a 2026 y pensar en los refuerzos es clave. Y acertar en ellos, mucho más.
Ángel García
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