Hoy es fiesta. Hoy es domingo y el Murcia juega el partido que más ha jugado en su historia. Aunque sólo sea por eso, un Murcia-Hércules siempre será especial. Además, los equipos llegan bien, en línea ascendente, con hambre de fútbol. Todo apunta a que será un derbi precioso.

Año viejo. Dejamos atrás un 2025 de grandes emociones, como acostumbra el murcianismo. De altibajos, decepciones en casa, ilusiones, un playoff, el desengaño mayúsculo del Nàstic, el entusiasmo del verano y el desencanto del inicio de temporada, la remontada, el cierre impecable que invita a soñar. El Murcia, ni más ni menos. Su esencia, tal vez. Entre la ilusión desmedida y el catastrofismo más destructivo sólo hay un balón que entra de rebote, un córner mal defendido, una decisión arbitral, a veces. Muchas lecciones para aprender en el futuro. O no.

Año nuevo. El Murcia arrancó 2026 en Sanlúcar jugando, tal vez, su mejor partido de la temporada. El más serio, en el que mejor compitió, siempre teniendo en cuenta que no hay partido fácil, que el rival tendrá un tiro al palo que puede ir dentro y no por eso hay que fusilar a alguien. Hay margen para ser un equipo mejor, al que apenas le lleguen, que es lo único que garantizará estar arriba. Hay mimbres, más allá de ese par de retoques (no siete, ni ocho) que puedan aportar lo que no hay. Hay jugadores que crecen en cada partido y que llegarán a mayo en un nivel insospechado a principios de septiembre. Tal vez la solución no pase por despreciar a Sekou en sus dos primeros partidos, sino por tener paciencia, por ser capaz de ver el jugador que puede llegar a ser a corto, medio y largo plazo.

Rivalidad. El fútbol es grande porque va mucho más allá del juego. El fútbol es también historia, cultura, geografía, gastronomía, religión, memoria, familia, amistad, amor. En más de un siglo de historia, el Murcia ha construido grandes rivalidades con equipos vecinos que además han tenido una trayectoria similar. Al contrario que sucede con otras rivalidades más cercanas en el tiempo, con el Hércules las hostilidades se han ido suavizando durante este siglo, en el que tanto la penuria común como los enemigos similares sin memoria (Ucam, Intercity) han terminado por tejer un cierto cariño que nos une. El partido de hoy tiene que ser una fiesta multitudinaria de dos aficiones que nunca han abandonado a su equipo. Esperemos que ninguna minoría estropee esa sana rivalidad que hemos forjado. Ni de un lado ni de otro. Es algo que muchas veces olvidamos cuando estamos en el campo de fútbol: el porcentaje de imbéciles es aproximadamente similar en todos los lugares del mundo. En eso no hay colores, ni escudos, ni bufandas.

Derbi. Terminaron las fiestas y pronto será Blue Monday, el día más triste del año, o eso dicen. Hace frío, incluso aquí, y el próximo festivo queda demasiado lejos. Pero tanto el Murcia como el Hércules han conseguido que el fútbol, ese deporte que va mucho más allá del juego, nos siga dando este tipo de días tan emotivos que los niños recordarán cuando sean adultos y los adultos viviremos como niños. Un día grande, al menos hasta que el balón se ponga en juego y tanta felicidad se ponga en manos de un balón que entra de rebote, de un córner mal defendido, de una decisión arbitral. Hoy juega el Murcia.

Oliva

beandtuit@

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