ALGECIRAS-0-1- REAL MURCIA

ALGECIRAS: Lucho García, Admonio (Rafa Roldán, 65), Juan Rodríguez, Yac Diori, Tomás Sánchez, Borja Fernández, Eric Montes (Mario García, 76), Zeki (Javi Cueto, 46), Turrillo (Sardinero, 76), Dani Merchán  (Diego Esteban, 46) y López-Pinto. Suplentes: Marcos Lavín (ps), Curro, Martín y Stefan.

REAL MURCIA: Manu García, José Ruiz, Marc Baró, Alberto, Rofino, Juanmi Carrión (Enol Coto, 71), Svidersky (Marcos Mauro, 90), Sabit, Tomás Pina (Pedro León, 80), Dani Vega (Sanchís, 90) y Amín (Álex Rubio, 80). Suplentes: Gianni (ps), Andrés López y Divine.  

Árbitro: Tárraga Lájara (colegio castellanomanchego). Amarillas para los locales Turrillo (25´), Juan Rodríguez (66´) y Yac Diori (69´). Por los granas fueron amonestados Tomás Pina (20´), Enol Coto (73´) y Manu García (89´).

Goles: 0-1 (min. 33): Juanmi Carrión.  

Incidencias: Nuevo Mirador de Algeciras,

Comentario: Venga, que estamos de fiesta. Tanto festejamos que, hasta el Real Murcia, con su habitual juego ramplón y sin chicha, sumó su tercera victoria consecutiva y establece un hito que le coloca, entre fuegos de artificio y poco fútbol, en un decorado donde toma forma y se gusta. Porque, atusado con pocos detalles, los granas expusieron en Algeciras una escenografía que se ciñe a los tres puntos y a cuatro porterías consecutivas sin encajar.

Por eso es obligación creernos lo que somos y soñar con utopías. Volvamos, por lo tanto, a sentirnos cómodos los incrédulos. Hagamos creer que a Pablo Alfaro las cosas le funcionan, que es un gran técnico, que el equipo es un rodillo emocional para la grada y que podemos comer perdices sin cazarlas. Y es que estar a tres puntos de playoff a estas alturas, tras el ejercicio de desatinos habituales en el que nos consumíamos, es para volver a sacar la artillería de verbena y pedir una prórroga del Bando, del Entierro o de cualquier juerga para alargar la noche. Está la vida hoy en Murcia para convites, hagámoslo, sin mirar atrás, sin imaginarnos que mañana fichamos en el curro y que la barra libre de delirios se mantiene asida a la clasificación. Y ella nos dice que tres puntos son tres saltos de piedra en el charco, que si estamos donde estamos habiendo dado mucha pena ¿qué será de nosotros si empezamos a jugar? No lo sé, ¿lo intentamos?

Es complicado hacerlo tras tantos disparates, despertar entre las piezas del rompecabezas y hacer un puzzle a la primera. Raro ¿no? Pues sí. Nos había estado mintiendo el equipo muchas jornadas, engañándonos en un dibujo extraño diseñado desde el banco, y viéndolos mermado a nivel físico -sobre todo, en la época de Munúa-. Se lamían las heridas que nunca pensó la plantilla infligirse, pero bueno, se gana en Algeciras y ahora toca quedarse sin piel en los puños de golpear la mesa para reivindicar un memorial no olvidado de historia, de lo que fueron, de lo que podrían ser en esta recta final de campaña. Una prueba, no de fuego, sino de vida.

Porque a vivir, más bien a sobrevivir, pocos ganan al Real Murcia. Experto en resurrecciones, el cuadro grana ambicionó una victoria que emergió desde una zaga imperial, tan majestuosa cerca de África, que hizo jugar al rival con un cepo en los pies. Y estaba el partido para ser manoseado, para sobar la pelota al ritmo de los minutos, con la paciencia del que le sobra el reloj para vivir. Hasta que apareció José Ruiz, un jugador vilipendiado que ha puesto con su entrega y tesón un esparadrapo en la boca de los que le criticaban. El valenciano no necesita poses, ni espejos, por no necesitar, no necesita ni la grada. Juega con la rutina de la exigencia y un ejercicio de amor propio que han convertido los silbidos en aplausos. Pues bien, comenzó un dibujo geométrico con la pelota que culminó Carrión tras una boutade de Dani Vega. Todos a aplaudir, a imaginar el descanso y a tomar unas olivas recreándonos con el encaje de rectas y curvas del gol.

Pues eso, que estábamos, incluso, jugando bien. El mundo al revés de acuerdo con la Doctrina Alfaro. Exijo, desde aquí y comenzando por mí mismo, latigazos como penitencia por estar alejado de sus principios. Y esos mandamientos le echaron agua al cemento para cercenar a un rival al que la segunda parte le amaneció con prisas ante un cuadro grana que, desde la defensa, les miraba por encima del hombro. Lo de la retaguardia, insisto, es para poner en marco de oro, labrar detalles y ornamentarlo y, por último, sacarle brillo. No sufrieron, sí, no sufrieron. Extraño comentar algo así, pero una actuación tan certera es sinónimo de victoria. Luego, como siempre, aparece Manu García, otro al que discuten los agnósticos y que se ha cansado de acallar murmullos. ¿Y Alberto? Palabras mayores, no hagamos demagogia cuando la zaga se dibuja desde sus actuaciones.

Ahora, tras ganar, nos queda la noche, y el lunes, y el martes, y el miércoles… y el domingo el Melilla. Nos queda fantasear con siete partidos, contar puntos, hacer cábalas y cruzar los dedos para que alguno de los de arriba se pierda en un mapamundi sin carreteras. Nosotros vamos con la brújula calibrada y el alma que se sale del pecho porque si jugando así estamos como estamos ¿qué sería de nosotros si ahora nos da por jugar bien?

Ángel García

@__AngelGarcia__

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