REAL MURCIA -0-1-ATCO. SANLUQUEÑO
REAL MURCIA: Gazzaniga, Jorge Mier, Alberto García (Pedro León, 85), Jon García, Cristo Romero, Sekou (Isi Gómez, 46), Óscar Gil, Joel Jorquera (Bustos, 59), Víctor Narro, Pedro Benito (Flakus, 46) y JC Real (Juanto Ortuño, 59). Suplentes: Piñeiro (ps), David Vicente, Jorge Sánchez, Antonio David, Ekain y Caio.
ATCO. SANLUQEUÑO: Rubén Domínguez, Raúl Sola, Pavón, Noah, Julio Cabrera, Andújar, Satoca, Sergio Niza (Kikín, 65), Lobede (Almagro, 65), Rodri Val (Diallo, 96) y Agustín Juárez (Marcos Denia, 54). Suplentes: Rocafort (ps), Bargallo, Pablo Brea, Twizard, Iomar y Simón.
Goles: 0-1 (min. 7): Agustín Juárez.
Árbitro: Rivera Olmedo (colegio vasco). Amarillas para los murcianos Sekou, Jorge Mier, JC Real y Víctor Narro. Por los visitantes Raúl Sola y Andújar.
Incidencias: 8559 espectadores en Nueva Condomina en la peor entrada de la temporada. Al finalizar el encuentro, parte de la afición se revolvió contra el palco.
Comentario: Escribir una crónica del suceso -no partido- de Nueva Condomina requiere un ejercicio de fe. Y, de todo lo malo que apareció en el césped, se saca una conclusión positiva a la que aferrarse; se está tan mal, se ha tocado fondo de una forma tan clara, que todo lo que debe llegar tiene que ser mejor. Es imposible caer más bajo, acariciar el ridículo, asomarse al precipicio y caer sin paracaídas, es decir, suicidarse por inanición de fútbol.
La cuestión es saber si fútbol es lo que practican, fútbol es lo que trabajan en la semana, fútbol es de lo que se habla en los despachos… o fútbol es lo que desconocen. Quizás en un laberinto sin salida el Real Murcia pudiera encontrar su hábitat, la razón de ser que enerva a la grada, el suplicio que les lleva en procesión, la oración que implora una afición de la que se ríen, pero todos, no solo la plantilla, si es que lo hace, porque, finalmente, estoy convencido de que la plantilla es la que menos culpa tiene del disparate en el que se mecen los granas.
Por partes. Perder ante el Sanluqueño no entraba en ninguno de los guiones que algunos habían soñado. Jugar tan horriblemente mal, tampoco. Exponerse algunos con esa camiseta, que es más que un sentimiento, duele a los que pagan su abono, a los que sufren, pero ellos, los jugadores, no tienen culpa en el césped de vestirla. Lo tienen quienes les ficharon, quienes defendieron a los que fichaban, quienes ponían la pasta y quienes se creyeron el cuento del ascenso desde la pretemporada. Ni una fábula de Samaniego tendría una moraleja tan nociva. Es hora de mirar más allá de la plantilla y exigir responsabilidades a quienes deciden y a quienes creen que deciden yendo de expertos en este deporte que es más predecible de lo que parece si se tuviera un mínimo conocimiento del mismo.
Ahora, algunos recuerdan a Fran Fernández, y a quienes le despidieron. Se acuerdan, también, de Javi Recio y de las imposiciones que tuvo que asumir. Se acuerdan de que no se sube con palabras agradecidas de una prensa alejada a la crítica que alaba las pretemporadas por sistema. Se acuerdan también de Manolo Molina y Mario Simón, de Julio Algar, de Adrián Hernández y de muchos más que penaron con cuatro palos y unas cañas. Pero de quienes no se van a olvidar es del desastre de Goiria manejando la configuración de la plantilla, de Pedro Asensio jugando a ser director deportivo, o coordinador de la comisión deportiva, o Dios sabe qué. No se olvidarán de todos los que aconsejan -o confunden- a Felipe Moreno, no se acordarán, por desgracia, igual de volver este año a Nueva Condomina. Parece que no se recordará en los próximos partidos una desbandada de abonados de las gradas como la que va a suceder.
Ahora ¿y el partido? Nada que contar. Curro Torres bastante hizo tratando de hacer competir a un equipo que firmó su acta de defunción al inicio. El Sanluqueño, un equipo imberbe, pero con agallas, fue mejor siempre, mucho mejor. Con actitud y entusiasmo desnivelaron una balanza donde varios jugadores granas -sobre todo los del costado izquierdo- no merecieron ni el salario. Es dañino para la vista asistir al desastre defensivo de los murcianos, el desdén en la creación, la impaciencia en el ataque y la frustración de Víctor Narro, el único jugador que ha llegado este invierno y quiere aportar. Duele ver a refuerzos que deberían ser diferenciales ofertar tan poco sabiendo que Jaso, un tipo que siempre cumplía y que está ok, es un espectador de lujo. Duelen tantas cosas que ya solo nos queda pensar, como dije hace semanas incluso en la racha positiva de Colunga, pensar en los 46, asegurar la permanencia y volver a ilusionarnos con el mercado de verano, los fichajes de quién esté en la DD, siempre amparados por esa prensa murciana a la que todo, a esas alturas, siempre le parece fantástico.
En fin, a ver si nos salvamos.
Ángel García
@__AngelGarcia__
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